Al ritmo de la música carnavalera arrancó el Corso Infantil paceño. Ayer, pasadas las 10:30, los niños, acompañados por sus padres y caracterizados con los trajes de sus personajes favoritos, tradicionales o de moda, se apoderaron de El Prado y reemplazaron el caótico tráfico cotidiano por sonrisas, espuma y juegos.
El carril de bajada de El Prado se convirtió en una alfombra de colores, debido a los divertidos trajes de alrededor de 1.000 niños que participaron en la celebración carnavalera.
Las cholas y los ch’utas paceños, las comadres tarijeñas, los diablos y otros personajes propios del folklore nacional saltaron y bailaron en las calles, mientras que pequeños ataques de espuma y agua se desataban de tanto en tanto.
Con un cartel que decía “La comadre más linda del carnaval”, Luciana, de un año y ocho meses, hacía el recorrido en su cochecito junto a sus padres. “Pasamos Año Nuevo en Tarija y como lo disfrutamos tanto, decidimos vestirla de comadre”, dijo su padre, Leo Medrano.
El Corso Infantil también tuvo participantes extranjeros, que junto a sus pequeños decidieron unirse a la fiesta. Jared Mc Grawth, de Estados Unidos, casada con un boliviano, participó junto a su hijo Lucas por primera vez del evento carnavalero.
“Nunca había visto algo parecido. En mi país hay eventos similares, pero ninguno dedicado a los niños”, dijo, mientras sostenía a su pequeño vestido de tarabuqueño.
Otros participantes también marcaron pauta, vestidos de personajes y superhéroes de películas y series como Wall E, Happy Feet, Los Pitufos, Iron Man, El Chavo del Ocho, entre muchos otros.
“Los pingüinos en la película Happy Feet representan a una familia muy bonita, así que con mi esposo decidimos disfrazarnos para acompañar a nuestro hijo Paolo”, dijo Katerine Pinto.
El oficial mayor de Culturas, Wálter Gómez, señaló que “ésta es la actividad de los niños, en la que ellos lucen sus mejores disfraces y se divierten; hay muchas comparsitas. También es un espacio para la creatividad de los padres, que hace que los niños se ganen un premio”.
Y si se trata de disfraces originales, el traje de robot de un niño llamó mucho la atención. Éste fue hecho con cajas y sobre él aparecía la inscripción de “Robocop boliviano”.
Con mucho ingenio, un grupo de niñas se disfrazó de huevos y la comparsa de la familia Soria evocó la era en la que vivían los cavernícolas.
Otros disfrazaron a sus mascotas de pepinos.
Aunque la lluvia opacó por momentos el recorrido. La alegría fue de los niños.
El carril de bajada de El Prado se convirtió en una alfombra de colores, debido a los divertidos trajes de alrededor de 1.000 niños que participaron en la celebración carnavalera.
Las cholas y los ch’utas paceños, las comadres tarijeñas, los diablos y otros personajes propios del folklore nacional saltaron y bailaron en las calles, mientras que pequeños ataques de espuma y agua se desataban de tanto en tanto.
Con un cartel que decía “La comadre más linda del carnaval”, Luciana, de un año y ocho meses, hacía el recorrido en su cochecito junto a sus padres. “Pasamos Año Nuevo en Tarija y como lo disfrutamos tanto, decidimos vestirla de comadre”, dijo su padre, Leo Medrano.
El Corso Infantil también tuvo participantes extranjeros, que junto a sus pequeños decidieron unirse a la fiesta. Jared Mc Grawth, de Estados Unidos, casada con un boliviano, participó junto a su hijo Lucas por primera vez del evento carnavalero.
“Nunca había visto algo parecido. En mi país hay eventos similares, pero ninguno dedicado a los niños”, dijo, mientras sostenía a su pequeño vestido de tarabuqueño.
Otros participantes también marcaron pauta, vestidos de personajes y superhéroes de películas y series como Wall E, Happy Feet, Los Pitufos, Iron Man, El Chavo del Ocho, entre muchos otros.
“Los pingüinos en la película Happy Feet representan a una familia muy bonita, así que con mi esposo decidimos disfrazarnos para acompañar a nuestro hijo Paolo”, dijo Katerine Pinto.

El oficial mayor de Culturas, Wálter Gómez, señaló que “ésta es la actividad de los niños, en la que ellos lucen sus mejores disfraces y se divierten; hay muchas comparsitas. También es un espacio para la creatividad de los padres, que hace que los niños se ganen un premio”.
Y si se trata de disfraces originales, el traje de robot de un niño llamó mucho la atención. Éste fue hecho con cajas y sobre él aparecía la inscripción de “Robocop boliviano”.
Con mucho ingenio, un grupo de niñas se disfrazó de huevos y la comparsa de la familia Soria evocó la era en la que vivían los cavernícolas.
Otros disfrazaron a sus mascotas de pepinos.
Aunque la lluvia opacó por momentos el recorrido. La alegría fue de los niños.
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